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jueves, 29 de noviembre de 2012

COMO PUERTAS AL CAMPO

MARÍA ESPERANZA RIGO

Hace unos días, en un interesante debate sobre la problemática lingüística en las islas, alguien comentó que le llamaba la atención el hecho de que las personas nos creyéramos con derecho a opinar cuando para estas cuestiones ya estaban los expertos en la materia, como lingüistas y filólogos.

En un principio debo decir que me dejó un tanto fuera de juego, pero en vista de que no tenía nada interesante que decir, opté por callar. A día de hoy, después de una profunda reflexión, me encuentro en situación de tener opinión al respecto, y es bien sencilla: no sólo debemos creernos con el derecho a opinar sobre las lenguas, cualquiera que sea, sino que deberíamos creernos con la obligación de hacerlo.

Y me explico.

Las lenguas, por si mismo, no valen nada. Somos las personas que las hablamos quienes les damos valor, utilidad, vida. Y al ser nosotros quienes las dotamos de tales cualidades, inevitablemente les transmitimos otra que se encuentra implícita en el mero hecho de vivir: evolucionar.

Las lenguas, por mucho que nos pueda pesar, cambian, crecen, se adaptan..., tales son algunas de las virtudes del Ser Humano, que también transmite defectos como resultar hiriente y agresiva, si bien estas cuestiones las dejo para otro momento.

Intentar encerrar una lengua entre normas y leyes es como intentar ponerle puertas al campo: no sirve absolutamente de nada. Es más, puede haber ocasiones en las que incluso sea contraproducente porque puede invitar a saltar sus vallas.

No podemos evitar que lleguen nuevas generaciones así como gentes de otros países que traerán consigo conceptos desconocidos, inventos revolucionarios o expresiones modernas a los que no habrá más remedio que poner nombre o aceptar los que ya traigan, lo que irá modificando nuestra habla, como sucedió en su momento con lenguas como el latín, hoy día transformada en multitud de idiomas.

Y si el destino del Hombre, como de todo, es desaparecer, ¿porqué las lenguas no van a correr nuestra misma suerte, estando como están tan vinculadas a nosotros?; y en el hipotético caso de que desaparecieran todas las lenguas del mundo a excepción de una, ¿tendría algo de malo que el mundo entero se comunicara con un solo idioma?

Conservemos su origen pues medios no nos faltan, y siempre hay que conocer las raíces de uno, pero abrámonos también a las nuevas aportaciones, las nuevas mezclas, los nuevos barbarismos, pues ellos serán, algún día, las raíces del futuro.

sábado, 29 de septiembre de 2012

LA LLAVE DE LA TRANSFORMACIÓN

MARÍA ESPERANZA RIGO

La muerte es, probablemente, la carta más temida del Tarot. La razón más simple: el ser humano tiene una gran tendencia a asustarse ante los cambios, pues cambiar implica la llegada de algo nuevo, algo que se desconoce, que no se controla ni domina, y eso simboliza este arcano: el poder de la transformación.

Pero el arcano número 13 nos dice mucho más, pues hace referencia a la chispa de divinidad que todos albergamos en nuestra envoltura humana, chispa que puede convertirnos en dioses.

La llave de esa transformación se encuentra en el conocimiento y en la fuerza de voluntad, energía necesaria para superar el miedo y el sufrimiento que puede provocarnos el cambiar.

Cuando aparece en una tirada, por tanto, no debemos asustarnos: nos está informando de que la vida nos está dando la maravillosa oportunidad de transmutar alguna faceta nuestra que nos está resultando improductiva para convertirla en un nuevo yo que nos colme de felicidad, la auténtica razón por lo que estamos en este mundo, aunque nos cueste creerlo.